Sumaj Orck’o

     Tomás Condori llevaba un casco amarillo y un pico al hombro el día que se extravió en los socavones; acababa de cumplir quince. El enigma de su pérdida descansó en todas las almas que el Sumaj Orck’o se ha tragado a lo largo de los milenios. Diez años después un joven escuálido se presentó en la entrada de la mina. Se quitó el casco, dejó el pico en el suelo, y luego, cubriendo sus ojos de la luz del sol, dijo:

    —Este cerro es más profundo de lo que crees.


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