The Smiths, la eterna banda depre

Más o menos a comienzos de los 80s, la era del post punk y la new wave dominaba bares ingleses llenos de humo y jóvenes incomprendidos. Por las radios corría un sintetizador sin patrón sonoro, textos transcendentes y algún que otro hit de The Cure y New Order, apenas nacientes. Se jugaba en paralelo a un rechazo de la norma, se cuestionaban las tradiciones y se despreciaba a las masas; existía un serio descontento con el sistema inglés.

Bajo este oscuro panorama fue que nació The Smiths, una banda de post punk integrada por la guitarra melodiosa de Johnny Marr, altamente expresiva y palpitante, y la poesía de su compañero Steven Morrisey, un hater por naturaleza, enigmático, misterioso e inclinado por la autodegradación y la desgracia emocional. Ambos, junto a Joyce y Rourke, se convirtieron en apenas media década en el ícono definitivo del rock alternativo británico para un público desesperanzado y sin corazón.

The Smiths ni era como otra banda mainstream de los 80s que se regía por las ondas musicales de la época ni pretendían lamer las botas de los productores con letras sobre el amor romántico y privilegiado. Tampoco hablaban exclusivamente de un profundo sentimiento de tristeza y del querer matarse, como aún lo creen algunos columnistas musicales. Marr brindó notoriedad a la angustia existencial de Morrisey, a su inconformidad bajo una perspectiva afligida, y obtuvieron a cambio un fervor en las listas de Reino Unido casi comparable con el que desataron los Beatles en los 60s. En su discurso no había sexo, drogas ni rock and roll, al menos no fuera de un cuadro poético, sino una profundidad melódica proveniente de las cuerdas mezcladas con versos apagados, conflictivos y rebeldes, una estética sonora que rompía y confrontaba al pop y al sistema de la época, incluso a la mismísima Reina Isabel II. La lengua punzante de The Smiths exploraba tanto un universo de críticas a las costumbres como su propia clase obrera para liderar musicalmente un movimiento antimonárquico. Sentían admiración por ideales imaginarios del pasado. Así, sus solos de guitarra y letras intrincadas estaban inundadas de paisajes agridulces.

Su primer álbum, también llamado como la banda, fue bien recibido por la crítica y el público en general el año 1983. Llegó al puesto N°22 de la lista de la revista Rolling Stone y es considerado uno de los mejores 100 álbumes de los 80’s. Habían encontrado su fórmula, la cual tomaba un poco de indie y jangle pop para darle un toque oscuro a Reel Around The Fountain, Suffer Little Children y Pretty Girls Make Graves, título tomado de una frase de Jack Kerouac. Tampoco podemos obviar una de sus canciones más escuchadas en las radios de la década, This Charming Man, un relato casi homoerótico escondido entre sus complicadas líneas. Adoptaron un tono más sombrío en 1984 con el lanzamiento de su primer álbum recopilatorio Hatful of Hollow, que incluía This Night Has Opened My Eyes, Please, Please, Please Let Me Get What I Want y la que consideran su mejor canción hasta la fecha How Soon Is Now?, que lamentablemente fue un fracaso en Estados Unidos pero llegó al puesto N°24 en las listas de Reino Unido. The Queen is Dead es sin duda su momento cumbre. Fue lanzado en junio de 1986 y contiene algunas de las canciones más emblemáticas del cuarteto. Trabajaron en conjunto para brindarle al público la misma carga emocional de siempre con canciones como Some Girls are Bigger than Others, Frankly, Mr. Shankly, The Boy with the Thorn in his Side, y sin duda la más icónica There is a Light that Never Goes Out. Es una emotiva mezcla que va desde el sentimiento de querer matarse hasta cierto humor ácido y amores idealizados no correspondidos como en I Know It’s Over.

En sí, muchas de sus canciones poseen una sensibilidad artística que exhibe la infinita creatividad de la banda para crear, o expresar lo ya existente, escenarios con toques dramáticos y conmovedores mediante fragmentos que rompen, como en Asleep (“No trates de despertarme por la mañana, porque ya me habré ido”), Back to the Old House (“Y nunca sabrás lo mucho que te amaba”) y Heaven Knows I’m Miserable Now (“Estaba buscando empleo y lo encontré, y ahora el cielo sabe que soy miserable”). Podemos decir entonces que el éxito de The Smiths provenía de sus maestros en riffs, solos y arpegios y un sentido de aspecto letrístico y deprimente. No lo sabemos. Tal vez su gloria estaba en su desgracia.




Comentarios

Entradas más populares de este blog

Sumaj Orck’o

La anciana

Abuelo