El renacer de viejos prejuicios: ¿por qué los jóvenes adoptan el conservadurismo?
Una oleada de conservadurismo ha invadido a los más jóvenes. La generación que terminaría con la opresión a grupos social y políticamente marginados, hoy se siente cómoda siendo abiertamente racista, clasista, homófoba y xenófoba. Al menos, entre lo que se supone a lo largo de los años, los jóvenes debían hoy ser más liberales y tolerantes a comparación de sus padres y abuelos, de las generaciones anteriores, al estar expuestos a un entorno más diverso y promotor de la igualdad, a la desesmascaración de las minorías. Cuando creímos que finalmente habíamos comenzado a construir un futuro más igualitario para todos y todas, se hizo más fácil abrir la sección de comentarios en Tik Tok y encontrar críticas pasivo-agresivas hacia los cuerpos que no encajan en lo hegemónico, e incluso cuestionamientos desvergonzados hacia víctimas de abuso sexual. Nuevos términos de gente que se ve “sucia” y que casualmente sean personas no-blancas y/o no-delgadas, nuevas creencias de unas tales “energías masculinas y femeninas” que al final sólo son las más recientes etiquetas del patriarcado que vuelven a enfrascar a las mujeres en la imagen de frágiles, tontas e inútiles, escondiéndose ellas mismas detrás de la famosa frase “I’m just a girl” para retomar sus cadenas. O siquiera el estilo old money históricamente racista que no combina con la piel negra, dicen ellos.
Podemos culpar al anonimato de las redes sociales, a la valentía cobarde que brinda el privilegio de un perfil sin foto o de un username que esconde a la pusilánime gallina tras un comentario pedófilo. O probablemente al sentido de pertenencia tan común en la juventud, a la profunda necesidad de ser edgy o la búsqueda de protagonismo a gritos con opiniones que antes se habrían considerado políticamente incorrectas o escandalosas; hoy es lo cotidiano. O podemos decir que nos hemos deconstruído tanto que el ciclo vuelve a repetirse. Las tradiciones han vuelto: Dios, Patria y familia comienza a sonar en el corazón apagado, apático y nada revolucionario de los jóvenes. Fácilmente podemos culpar a líderes políticos como Trump o Javier Milei que han llegado a la gobernanza con payasadas y discursos de odio sin fundamentos.
Por mi parte, culpo a la izquierda, a mi izquierda inepta que ha traicionado al pueblo latinoamericano, que ha hecho su riqueza en base al dolor y a la sangre de las luchas civiles y sindicales que la han llevado al poder, y que esta sólo se mofa de nosotros con más casos de corrupción que afortunadamente son sacados a la luz de a poco. La izquierda misma se ha puesto la escopeta en la cabeza; los gobiernos progresistas han llegado a su fin.
Vamos retrocediendo y cada vez más jóvenes votan por la derecha, o simplemente se vuelven tibios, que es más peligroso que cualquier radical, llenos de pensamientos de odio en voz alta, fobias, intolerancia e inclinación por quienes los explotan y escupen en la cara.
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